Quien entienda el idioma de las piedras que tire la primera. Los que no seguiremos dando vueltas como un hámster. Así, tiernos, dentro de un gran bibelot. Iremos necios y absurdos hacia el fin de la gente, sorteando la muchedumbre que cojea. Hablaremos por hablar en un ejercicio de curanderos, sólo por mantener sanos nuestros corazoncitos de carbón. Y entonces, con muñones, con ruedas, con una cremallera en la boca, cerraremos los ojos, ¡más prietos que la boca!, y sabremos que ese trocito de agua es nuestro. Que todo lo que hay ahí es nuestro.
Manel – Captatio benevolentiae