” … Era como tocar el mundo con las manos enfundadas en un par de guantes quirúrgicos. Allí tumbado, oyendo cómo el mar roía sin prisas la orilla… Era tan diferente ahora. Ahora, el ayuno de su alma había concluido; ahora saboreaba cada instante de su existencia, cada segundo de sí mismo, y descrubría maravillado cómo cada uno sabía distintinto al anterior. Era com renacer, como despertar. Oh, la maravillosa belleza de lo simple… “
El vigilante de la salamandra. Félix J.Palma

