Nadie nos ha enseñado a estar solos. No conozco a ningún predicador de la soledad. En los mercadillos no se vende. Ni en los grandes almacenes. La publicidad nunca quiere estar sola. Ni la navidad, ni el verano, ni la casa de vacaciones ni siquiera el más solo de los solos. El mundo no quiere estar solo porque perdería toda su organicidad alomejor; quizás se autodestruiría en una hipotética búsqueda autista. Nos han diseñado a pedazos, con el falso propósito de que nos pasemos la vida buscando que alguien barnice nuestro color sin brillo (el medio limón: já). Que alguien nos complete como en el juego del ahorcado. Para ser palabra. Para no quedar solos como el muñeco ahorcado con una cuerda por no haber conseguido todas las letras. Siendo la palabra soledad la que había que completar.
Cortometraje Lone-illness